Abril. Siempre me ha gustado el sabor de boca que te deja la palabra Abril después de decirla. Abril nunca ha sido nada especial para mí. Lluvias inesperadas, quizá.
Un mes cómo cualquier otros, el Abril.
Y ven aquí, dónde el sol se pone todas las veces que lo desees, dónde la luna siempre esta llena y las nubes adquieren miles de formas (inimaginables). Dónde los besos tienen sabor a medianoche y los cafés con leche no son tan sólo cafés con leche.
Ven dónde las camas estas echas estrictamente para ti y para mi, nadie más, tú y yo. Gatos aullando a la luna. Momentos en el balcón leyendo. Hueles a mar. Escalofríos cada 30 segundos (inevitables). Borrones y cuentas nuevas sin ningún borrón y cuenta nueva.
Melancolía. Noches en vela. Sueños que no son sueños.
Azoteas llenas de ropa ondeando al son del viento, azoteas llenas de globos y de burbujas. Azoteas de besos y palabras. Azoteas con vistas a ti. Azoteas con vistas al mar y al sol. Azoteas con vistas a los edificios. Azoteas contigo. Azoteas y más azoteas. Azoteas infinitas contigo y un cojín de color rojo cómo mi corazón, rojo. Tejado azules (el cielo), el suelo de color... color a ti. Gatos negros que pasean. Abuelos charlando en el portal. Viento muy fuerte. Los pies al aire, tocando el cielo, descalzos vamos a andar por él. ¡Venga vamos, que no vamos pá las nubes!
Azoteas de película y azoteas misteriosas. Azoteas de tú y de mi. Azoteas junto a ti. Azoteas con tu calor. La azotea eres tú. Mi azotea tú.
-¿Quieres subir a la azotea y vemos la ciudad?
-Ya estoy en la azotea (se queda callada y le mira) y mi ciudad tú.
(Y en descuidos crearemos universos)

