Y me siento delante del ordenador para empezar a escribir algo decente mientras a mi lado la taza de té caliente va enfriándose. Ya es de noche, y sólo son las 18.16. Hay mucha gente a la que no le gusta el invierno, ni el frío, ni la oscuridad que se pasea cada día por la calle. Pero, no sé, puede que yo sea de esas excepciones que le guste el invierno, que le guste el frío y sobretodo la oscuridad paseándose a sus anchas por la calle, puede que hasta lo disfrute, si creo que lo disfruto. Me encanta pasar frío, sentir cada extremidad, que tenga la piel erizada cada dos por tres y tener escalofríos incontrolables cada 30 segundos. Tomarme tés, cafés o chocolates calientes. Dormir entre edredones y mantas, respirar hondo por la mañana mientras saco al perro y sonreír. Leer un libro un domingo, como hoy, por la tarde, con un té o un café en la mano, envuelta en una manta. La música tranquila de fondo y tan sólo la luz de la mesita de noche abierta (más íntimo).
Sentirte bien en la soledad mientras el mundo gira ahí fuera.
Puede que sea una excepción que me guste el invierno, que me gusten las bufandas largas, infinitas, y que me guste el frío. Vaya, siempre tengo las manos frías, sin excepción (eso también debe de ser raro ¿no?).
Hoy empieza Noviembre y con él mi pequeño invierno, aunque según los meteorólogos no empiece hasta diciembre. Pero para mí la palabra Noviembre ya significa invierno aunque el hombre del tiempo no lo considere así. Para mí ya es invierno, hmm... ya es Noviembre y con él todo empieza a ser un poco más rojo.
(Do you want to be my November?)