sábado, 28 de febrero de 2009

Uno más.

Tan sólo habian pasado unos minutos desde que había abierto los ojos acostada en la cama en medio de la oscuridad y el silencio. No había dormido bien, nada bien, el resfriado no le dejaba respirar muy bien, tenía la nariz irritada y los labios cortados y secos, le hacía daño tan sólo abrirlos un poco y los ojos llorones, irritados y rojos. No sabía muy bien porque se sentia de la manera que se sentia, allí en medio de la cama, a oscuras, con ese olor aplastante que siempre quedava en la habitación después de dormir.
Por la manera en la que cantaban los pájaros dedujo que era media mañana. Desde la cama abrió un poco la persiana y cuándo llego a poco mas de un centímetro de la repisa de la ventana paró. Entraban los rayos del sol con mucha fuerte y quedaban tatuados en la pared de color lila, era cómo ver el mar después de levantarse y sentir las olas chocar contra las piedras o cómo oír caer la lluvia encima de la piel seca, tocarla y erizarte la piel.
Y esta es la vida, te levantas no te sientes tú pero tampoco sabes lo que sientes, te miras al espejo y lo único que ves es a un desconocido que te mira intrigado, buscando algo que se perdió. Y esta es la vida.

viernes, 13 de febrero de 2009

Nada

Hay días en los que puedo llegar a ser todas las canciones que existen. Sean alegres o tristes, todas hablan de mí. Hay otros días en las que tan sólo protagonizo las tristes y en otros en que soy el personaje principal de las alegres. Hay veces que no soy ni el personaje que sale una vez, no aparezco por esas canciones. No existo en ellas, en definitiva, no hablan de mí.
Hay días en que soy un color durante todo el día. Otros tan sólo soy un color por la mañana y luego soy otro por la tarde y me fundó en otro por la noche. En algunos, puedo serlos todos a la vez, unidos. Hay días en que no hay ningun color para mí.
Hya días en que soy sonrisas y lágrimas juntas. Otros en los que tan sólo soy sonrisas y otros en los que sólo me inundan lágrimas. Y los mas desesperantes són cuándo no hay ninguno de los dos.
A veces soy un conjunto de sentimientos y a veces no soy ni uno sólo. A veces soy todas las palabras con sus definiciones de diccionario y a veces, por triste que suene, no tengo una definicion y ni tan sólo una palabra que me describa.
Lo más extraño de todo esto, y si has descifrado a través de mis palabras sabrás lo que voy a decirte ahora mismo, es que de todas esas cosas la mayoría de veces soy la última. Soy el no hay canción, no hay color, no hay ni lágrimas ni sonrisas, no hay sentimientos ni palabras.
Por supuesto que todos tenemos esos días en que no somos nada ni para nosotros mismos ni para nadie, que llegamos a sentirnos tan vacíos y fríos que sientes cómo lo que no existe se congela a tu alrededor, pero el problema es que yo soy el contrario, soy ese de vez en cuando convertido en rutina. Sí, exacto vacía y fría.
Simplemente esque no llego ni a ser la letra N de la palabra Nada(ella por lo menos tiene su significado, yo no tengo ese privilegio)
Ni viernes 13 ni martes 13, aquí me tienes fría, vacía.
No soy mala suerte. No tengo nombre

sábado, 7 de febrero de 2009

Just my Imagination?

Tengo demasiado frío. Tiemblo a cada segundo y la piel de gallina vino para quedarse, parece que no le importa. Cada 30 segundos un escalofrío muy muy amargo recorre mi espalda. El café -helado, ya no noto cuándo esta caliente.- que me he tomado por la mañana aún baja muy lentamente mi garganta. Entra, por la ventana, un rayo de sol muy escaso. Las persianas están medio bajadas y dejan entrever las nubes que hay fuera, tan blancas y esponjosas. La música que suena por puro azar parece que acompañe el ritmo de mi corazón, tan pausada, lenta y temerosa. Cada palabra es de tristeza. Soy la mismísima palabra, Melancolía. Ya no recuerdo cómo suenan las olas del mar cuando chocan con las rocas. Ya he olvidado el olor a lluvia y el sentimiento que iba desencadenado al olerla. Escribo palabras sin sentido en medio de un caos irreversible. No hay remedio. La noche lo ha congelado todo y yo navego a la deriva encima de mi colchón. Y todo está tan, tan frío.

jueves, 5 de febrero de 2009

¿Desde cuándo eres tan... triste?

Al principio parecía un sueño. No podía ser verdad. Era inimaginable que fuera real, pero cuándo fui capaz de abrir los ojos me dí cuenta de que no era ningún sueño, que era la pura realidad y que de verdad dolía. Dolía tanto... tanto dolor en el cuerpo y en el alma. Tanto dolor en cada parte de mi cuerpo. El corazón parecía haverme dejado de lado. Me dió la sensación de que no estaba conmigo, que no me acompañaba -¿había muerto?- y a mí las lágrimas me florecían por todas partes. No lo podía controlar. Mis sentimientos (ahora más que nunca) estaban a flor de piel y no podía esconderlos debajo de la piel de gallina. Me encontraba en una habitación oscura, muy oscura. Cuatro paredes y nada más. Yo y mi miedo. Los dos solos. Más solos que nunca. Eramos pasajeros de un tren que nunca llegó a su destino. Atrapados entre telarañas del tiempo. No podíamos escapar. Me encontraba muy muy sola. Creo que llegué a encontrarme demasiado sola, hasta el punto de desaparecer. Hacía mucho frío y el dolor persisitia. El miedo que había guardado durante días o quizá meses crecía en mí. La cabeza me daba vueltas y yo... yo dejé de saber quién era. Hubo un instante -apaciblemente eterno- en el que me sentí bien, extrañamente bien. No sentía mi corazón latir en mi pecho, ni lo notaba, pero sé que ese fue un sentimiento tan extraño pero a la vez tan anhelado. Empezó a llover tan pronto cómo mis lágrimas acariciaban mis mejillas y se perdían por las pequeñas arrugas de mi cuello. Y entonces no paró de llover en 3 días...

Tienen las manos frías...

Los textos de este blog son míos así que por favor respétame y no copies. Gracias.
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