Tan sólo habian pasado unos minutos desde que había abierto los ojos acostada en la cama en medio de la oscuridad y el silencio. No había dormido bien, nada bien, el resfriado no le dejaba respirar muy bien, tenía la nariz irritada y los labios cortados y secos, le hacía daño tan sólo abrirlos un poco y los ojos llorones, irritados y rojos. No sabía muy bien porque se sentia de la manera que se sentia, allí en medio de la cama, a oscuras, con ese olor aplastante que siempre quedava en la habitación después de dormir.
Por la manera en la que cantaban los pájaros dedujo que era media mañana. Desde la cama abrió un poco la persiana y cuándo llego a poco mas de un centímetro de la repisa de la ventana paró. Entraban los rayos del sol con mucha fuerte y quedaban tatuados en la pared de color lila, era cómo ver el mar después de levantarse y sentir las olas chocar contra las piedras o cómo oír caer la lluvia encima de la piel seca, tocarla y erizarte la piel.
Y esta es la vida, te levantas no te sientes tú pero tampoco sabes lo que sientes, te miras al espejo y lo único que ves es a un desconocido que te mira intrigado, buscando algo que se perdió. Y esta es la vida.

