
Suena el despertador y para mí nada tiene color. Me escondo debajo de la almohada intentando no existir.
La habitación cada vez se hace mas pequeña y estoy fría. Mi corazón se dispara, mi respiración aumenta y pierdo la cabeza. Minuto a minuto voy helándome, me congelo más y más. Quiero desaparecer, quiero no existir, irme de aquí. Dejar de ser visible. Quiero ir a ninguna parte.
A estas horas ya no siento mis pies, dedo a dedo y hueso a hueso van muriendo.
La ventana está herméticamente cerrada y no pasa ni un diminuto rayo de sol. Quiero quedarme en esta cama para toda la vida. No quiero que nadie me vea jamás.
El odioso despertador vuelve a sonar. Meto la cabeza dentro del edredón y noto como todo dentro de mí se congela. Ahora mi corazón ya casi no bombea, casi dejó de latir. Ojalá muriera, por lo menos ya no existiría.
El calor que se respira fuera es abrumador pero el frío en esta habitación es peor.
Al fin, decido levantarme, pero aún con el edredón enrollado por todo mi cuerpo erizado por el frío. Me siento en la cama y apoyo la cabeza en la pared.
Del suelo sube un frío aterrador que pasa por mis pies y se traduce en un escalofrío. Pongo dedo a dedo el primer pie en el suelo y noto cómo otro espinoso escalofrío recorre cada parte de mi ser.
No estoy segura de levantarme, creo que mis piernas no responden. No me siento segura.
Mis ojos no aguantan la presión, me evaporo cómo el humo de un cigarrillo. Quiero salir de aquí, de este lugar o quedarme encerrada en esta habitación para siempre.
A tientas y con la más plácida inseguridad consigo llegar al lavabo.
Mi pulso no es bueno. Tiemblo a cada segundo (de frío, de miedo y de tristeza). Tengo los párpados superiores pegados a los inferiores y casi no veo dónde voy. Los labios los tengo secos y muy cortados, hechos trizas. Casi no puedo abrirlos y mi boca esta seca y con un regusto a la vida.
Me acercó al baño y me lavo, cómo puedo, la cara. Veo a alguien que me mira en el espejo. No sé quién es. Me veo a mí sin verme. Tan sólo es un cruel reflejo de algo que fui.
Paso a paso me voy quitando la ropa. Noto cómo cada prenda me recorre la piel y la eriza a su paso. Cómo al estar desnuda ante el espejo me odio aún más. Me meto dentro de la ducha y abro el grifo. El primer chorro de agua que sale es frío, muy frío y mí corazón se congela. Empieza a salir más caliente y noto cómo la sangre empieza a recorrer mis venas otra vez. Dejó que el agua empape todo mi cuerpo y mi cabello. Cierro los ojos, y entonces intento desaparecer en la ducha.

