viernes, 30 de enero de 2009

Siento

Cada estremidad de mi cuerpo siente el miedo. Lo siente a cada segundo del día. Es un escalofrío que permanece en mi cuerpo y no se va. Tan sólo el oir la palabra M-I-E-D-O, me produce más aún. El miedo me come por dentro. Tengo miedo de todo. De lo que digo y lo que no siento, de lo que he sentido y de lo que aún no he sentido. Tengo miedo de levantarme de la cama y miedo de mirar de frente. Tengo miedo al miedo. Le tengo miedo al día y a la noche. Le tengo miedo a todo. Tengo miedo de mí misma.
Miedo

martes, 27 de enero de 2009

El lado oscuro del corazón

Cuándo arrugas un papel y al cabo de unos segundos lo despliegas hay miles de arrugas, imperfecciones, en él. Por muchas horas que estés, por mucho que lo intentes no lo vas a dejar cómo antes. No vas a poder aplanarlo.
Vas a poder aplanar algunas arrugas, pero ni se notará. Siempre, siempre van a quedar arrugas y nunca vas a poder borrarlas, se van a quedar allí siempre. Ni el paso del tiempo las va a curar.
Un corazón humano funciona igual que un simple papel. Cuándo un corazón se rompe nunca se vuelve a unir del todo. Siempre se pierden piezas por el camino. Cuándo un corazón se congela siempre va a quedar un poco de hielo en él. Cuándo un corazón se para es casi imposible que vuelva a funcionar.
En el corazón siempre van a quedar heridas, por muchas tiritas que le pongas no se va a curar. Por mucha felicidad que le lleves siempre va a quedar un rasguño de melancolía.
Hay heridas que quedan bien sujetas y que nunca más se abren, otras se descosen demasiadas veces y nunca llegan a curarse, nunca dejan de sangrar silenciosamente.
El corazón nunca se recupera. Seguirá latiendo, por supuesto, pero con el paso de los años irá más y más lento día tras día hasta que llegará un día en el que de tantas heridas descosidas dejará de latir y se marchará.

viernes, 23 de enero de 2009

El frío ha vuelto (puede que nunca se fuera)

Ya han pasado días desde la última vez que miré el calendario. Ya han pasado horas desde que miré el reloj. No sé que hora és ni en qué día estamos. Mi mente es una escalera de caracol que nunca termina. Se enreda y se enreda y nunca encuentra el final. Voy subiendo y bajando escaleras, bajo más que subo. Cada vez todo és más negro, antes era gris claro, pero con el paso del tiempo se ha convertido en un gris muy oscuro. Se ha mezclado con tantos colores, que ni el color que veo tiene nombre.
Mi corazón, mi pobre corazón. A veces pienso cómo aún puede seguir latiendo después de tanto sufrimiento. Late lento y rápido. No lo sabe controlar. Dejo de hacerlo hace mucho tiempo, y yo, ya me he acostumbrado a la sensación de sentirlo de esa forma en el pecho. ¿Aún será de color rojo? ¿Aún podrá bombear con la fuerza que lo hacia antes?
Me consumo mirando en un punto fijo, no miro en ninguna dirección. Tan solo intento dejar mi mente en blanco, dejarla tranquila durante un momento. Que pueda llegar a sentir algo nuevo. Porque lo que ve cada día ya no es tristeza, es una pura rutina. Algo tan habitual cómo respirar. Me consumo cómo una vela en la madrugada, cansada de dar luz. Me consumo cómo el fuego, al principio era fuerte pero llega un momento en que es más débil que nadie.
Aunque la mitad del tiempo este jadeando sin control me mantengo viva. Sobrevivo. Me despierto cada mañana después de irme a dormir pensando en qué si mañana no me levanto no pasará nada. Mi pulso no es constante, tiemblo a cada segundo. Casi no puedo escribir recto y no puedo trazar una línia recta de un extremo a otro. Arrastro los pies y ya no respondo ante nada, ni frío ni calor. ¿Pesadilla o sueño?
Un día me levanté en una mañana gris y aún estoy en ella...
consumiendóme.

jueves, 22 de enero de 2009

- Qué buscas? - Algo para seguir engañándome

Te despiertas cada mañana y sientes lo mismo. Lo mismo que sientes durante todo el día. Sí, claro que te ríes y disfrutas de los buenos momentos con la gente que te rodea, que hace que tu vida sea un poco mas soportable de lo que és. Esa gente que hace que por un instante, aunque sea una milésima de segundo, puedas olvidarte de ello y volver a pensar que todo va bien.
Pero cuándo llegas a tu casa, abres la puerta y notas ese frío en ella, esa soledad, esa (no placentera) tranquilidad te das cuenta de lo que te has estado intentando esconder. De ti. Sí, de ti y de tu sufrimiento permanente. Un día, caíste en un agujero más negro de lo que nunca podrías imaginar y aún a estas alturas no has salido, no has sentido, no has amado, no has reído de verdad, no has saltado, no te has sentido libre y completa. Porque todo eso no te pasa a ti, pasa en las películas, en los libros y a todas tus amigas, pero a ti no te pasa. No, claro que no. ¿Cómo un día pudiste llegar a pensar que te pasaría ti? Tú eres simplemente la chica torpe que pasa desapercibida al lado de la guay del instituto. Sí, tú eres esa chica. La que nadie ve.
Lo que tu sientes es silencio, oscuridad, vacío, sequedad, olvido.
Te duermes cada noche y sientes lo mismo. Nada. No sientes nada. El vacío en tu corazón que cada vez está mas muerto. Y entonces, la oscuridad te atrapa seguido de un frío helado que llevas encima día tras día.
Día
tras
día.

miércoles, 21 de enero de 2009

Los días cayeron sobre nosotros como árboles cansados.

Ventana de color blanco desgastado por el tiempo. Baldosas oxidadas por el paso de los años. Día claro oscuro, nubes blancasgrisaceas esponjosas y rellenas, el cielo no es azul. Rayos de sol entran en la habitación sin dudar siquiera. Música melódica, extremadamente bella. Siempre la misma canción, una y otra vez. Los acordes ya se han desafinado. Sentada cómoda o incómoda. Al lado taza de café helada, su olor ya no está (ni el de él ni el del café). Él era fuego y ella hielo. Ahora ya sólo le queda el recuerdo de unas pasiones heladas junto a unos gemidos sordos. Se ha propuesto hivernar permanentemente, ¿para qué salir? Las mañanas són grises y todos los espejos(corazones) están rotos.Los momentos congelados cada tarde junto a una taza de no caliente chocolate sentimental. En la cocina sentada en esa mesa de dos recuerda cosas cómo sus ojos negros casi grises, sus besos transoceánicos y esa casualidad inoportuna que hizo que se conocieran. Él, era su adicción constante, era su locura a color. Y ahora sólo le queda su jersey color rojo pasión corazón y unas cuántas gotas secas derramadas sin cesar.
Suena el teléfono y tú no estás

domingo, 18 de enero de 2009

Missing you

Una ciudad que no sabe dónde está el norte. Ni muchos ni pocos habitantes. Calles oscuras. Semáforos de color azul celeste. Pequeña playa. A veces nieva, a veces no. Calle central. Mañana de un sábado gris. A pocos metros, al lado de la panaderia mas cara de la ciudad chica con pantalones tejanos gastados, sudadera roja y cazadora negra. Ojos de color verdemarrón. Nariz pequeña. Labio inferior mas carnoso. De una mejilla pasando por la nariz hasta la otra pequeñas pecas. Pelo castaño ondulado para el frío lleva un gorro de color lilaclaro, bufanda muy muy larga. Ni delgada ni rechoncha. En la mano lleva un libro, grueso. Cruzado un bolso del mismo color que la cazadora.
Parece que anda con rumbo a algún sitio, pero no es así. Se para delante de un edificio. Coge la llave. Abre. Entra. Ascensor con un letrero que dice: "No funciona, disculpen las moléstias." Mira el tramo de escaleras que le toca subir, como cada día y se pregunta porque en el letrero dice "Disculpen las moléstias". ¿Que moléstias? Desde la primera vez que pusó los pies en ese suelo que el ascensor esta con ese letrero. Un papel, que imagina que antes era blanco, porque ahora con el paso del tiempo es amarillo casi marrón. Se encamina hacia las escaleras. Al pasar por el primer piso oye a la señora del 1º 2ª cantando mientras barre. Al llegar al segundo piso sólo oye una televisión hablando muy muy alto, pero no sabe de dónde procede. Cuándo por fin llega al ático saca la llave y abre la puerta con un fuerte golpe. De lo vieja que és se atasca. Al abrir la puerta un majestuoso rayo de sol le ciega la vista. La casa estaria a osuras si no fuera por esa luz que entra. Hay cómo una neblina en la habitación mas grande que la hace parecer mas vieja de lo que és. Los muebles són modernos. Un sofá grande reina una pared y parte de una esquina. La televisión esta delante en la otra pared. Descansa encima de un mueble cansado con unos tiradores preciosos que cuelgan en el medio de los cajones. A cada lado, dos estanterias repletas de libros. Todos leídos. Algunos guardan magistrales secretos y otros tan sólo te hacen pasar un buen rato. Una estora que ocupa toda la habitación de tonos rosas y lilas. Pared de un color rosáceo. Una ventana que va de arriba a abajo ocupa el centro de la pared restante, unas cortinas del mismo color que el sofá la acompañan.
Más allá del pasillo una cocina mediana. Pocas tazas, pocos cubiertos, pocos platos, pocas sártenes. Un paño inundado de agua gotea en la encimera. Una taza de café helado.
Al otro lado de la sala su habitación, de un color lila bonito. Una cama de matrimonio con un edredón de color granate ocupa la pared mas grande. Una cabecera de barrotes de hierro. La cama desecha entera, pero ahí no ha dormido mas de una persona. A los pies de la cama un baúl, no de recuerdos, sino de caos. A cada lado de la cama una mesita de noche con sus respectivas lámparas. En la pared que queda enfrente a la puerta una ventana que hace de glorieta. Unos cojines de un color parecido al de la pared están en el bajo. En la esquina del otro lado un sillón de época con una lámpara de pie al lado. Algún póster y otra estanteria con más libros en la pared restante junto a un espejo entero redondeado.
Al lado de la habitación el baño, no es muy grande pero tampoco es diminuto.
Al final del pasillo una habitación en la que, con la puerta entreabierta, se ven mas estanterías con más libros y en medio de toda la habitación una gran mesa con una comfortable silla. Una ventana que da a la calle. Con esa luz que entra parece un muy buen sitio.
En medio de todo ese pasillo hay una caseta de tela muy muy fina dónde se entreve un pequeño perro que descansa. Su único y más fiel compañero. Ella lo despierta con dulzura acariciándole las orejas. Lo coje y lo acomoda en su pecho y cada uno respectivamente oye el latido del corazón del otro. El de ella va muy muy lento con cada latido, asegurándose de no hacer un paso en falso, pues ha sido apuñalado muchas veces y ahora temerario por su seguridad se congela de forma protectora. El de él es alegre, rápido, nunca había sido tan feliz. Pues esta con quién más quiere, ella.
Juntos, los dos se sientan en el sofá. Ella callada y sin decir nada coge un libro y empieza a leer en medio de todo ese silencio estremecedor, sólo se oye la respiración agitada de ese perrito.
Y así, cómo todos los sábados se sienta a leer en medio de ese piso dónde habitan dos corazones con sus respectivas almas. Algunos demasiado alegres por la vida y otros casi rotos.
Y ella se pregunta cosas cómo si algún día ese corazón roto dejará de ser tan cauteloso y sonará tan alegre cómo el otro. Eso espera no quiere acabar cómo es taza de café helada que ya no siente el calor.

viernes, 16 de enero de 2009

Mentre dormies

Mentre tu dormies em vaig enamorar de tu. El cor em va explotar i es va parar, ja no bategava i el seu suau i cálid so va deixar de sonar al meu pit fins a desapàreixer.
La nit es va fer més fosca y la lluna més blanca. Van néixer, en tan sols un instant, milions d'estrelles. A l'altra banda de l'oceà el sol sortia lluminós i l'herba neixia més i més verda.
Mentre tu dormies al balcó, va venir a visitar-nos la suau brisa del mar. La sentia a la nuca i com em baixava tota l'esquena i em repasava cada una de les meves extremitats. En mig de la foscor iluminada per les estrelles van apáreixer els núvols. Vaig posar-me les sabates i vaig pujar en un. Era tan esponjós. Era com esta al teu pit acarician-te els cabells i, en una agradable respiració notar els batecs del teu cor. Són pura música. La música que no ha escoltat mai ningú, ni la millor simfonia la sabria tocar. Estar sobre els núvols era la cosa mes segura del món, com quan tu m'agafes ben fort per la cintura amb la por de que m'escapi volant per sobre el mar.
Més d'un cop, quan és Novembre ens passejem per la platja descalços intentan imaginar mil i un moments mai pensats, pero sempre, agafats de la mà.
Mentres tu dormies alguna cosa dins meu va cambiar. Va ser com sortir d'aquella habitació on els dos per bilionésmia vegada ens estimavem i volar. Sí, volar. Tocan amb les mans el cel i amb els peus a terra.
Mentre tu dormies el món va cambiar.

viernes, 9 de enero de 2009

In Love With A Feeling

A veces me lo pregunto. Pienso en ello durante horas y no me doy cuenta. Es algo innato. Nunca aún he sabido porque me pasa. Porque de golpe me quedó parada, no me doy cuenta de que dejo de estar dónde estoy y desaparezco sin desaparecer. Me voy lejos, las cosas pasan a mi alrededor y no me doy cuenta. Me puedo pasar horas en ese estado. Es algo que nose controlar.
A veces me lo pregunto. ¿Por que será? ¿Por que cuándo pasa me siento de esa forma? ¿Por que.. nose porque? A veces me lo pregunto.
A veces pienso que es una tonteria, pero esque me hace sentir tan bien. Me hace estar mas viva, y, depende de qué hace que mi corazón se acelere o que se empequeñezca. Parece que me conoce, a veces. Otras me dice lo que quiero oir, me dice lo que necesito oir. A veces me enloquece de tal forma que no me conozco ni pizca, pero pueda que sea de esa manera aunque no lo sepa. A veces me dice la realidad aunque no quiera oírla, aunque sé que tengo que saberlo. A veces hace que me estremezca, que me excite, que llore o que ría. A veces me hace correr y saltar. Otras veces no la entiendo, y eso, aunque ni yo misma lo entienda, me gusta. Me gusta no entenderla. No saber lo que dice. No entender ni una sola palabra de lo que dice. Inventarmela toda.
A veces con tan sólo un simple sonido al principio hace que me ponga de los nervios. Mi corazón se para un momento y después vuelve a latir. Parece que él también lo sienta. Cuándo me siento sóla ella está allí para acompañarme, y siempre tiene una de las mejores frases para decirme y dejarme boquiabierta. Parece que me conozca. Hace cada cosa que parece que sea yo misma. Siempre que puedo la llevo encima, es algo con lo que no puedo vivir. Se ha convertido en parte de mí. Parece que somos un paquete abierto, siempre cabe mas dentro. No tiene final, ni principio. Me gustaría recordar cuándo la conocí, pero no lo sé. Sólo sé que debería de llegarme tan y tan hondo que yo sin quererlo la encontré bucándola inconsientemente.
A veces pienso y espero, que me acompañe toda la vida. Que no me deje. Que siga siendo igual y que nada cambie. Que me haga sentir lo que siento ahora. Que me haga ser la persona mas feliz del mundo en tan solo unos instantes. Que me haga sonreir y llorar. Que me escuché sin tenerle que decir nada. Y que sobretodo no me deje nunca de los nuncas. Porque la necesito a mi lado para ser yo misma. Para sentirme bien y por unos minutos dejar de preocuparme.

miércoles, 7 de enero de 2009

A veces aún bailo bajo la nieve

Noche del 6 de enero del 2009. Sentada en la butaca de su habitación, intentando leer las locuras de un caballero que no se acuerda del nombre de su pueblo. La luz tenue y tintineante que invade la habitación le provoca un poco de calor en su frío cuerpo. Ya casi no nota el frío. Es blanca, casi pálida, siempre tiene las manos frías y el cuerpo la mata con latigazos. Su piel se eriza hasta que le recorre un escalofrío por todo el cuerpo. Ni una taza de té le calienta. Ni el edredón, después de estar bajo de él horas, lo consigue.
Sale de allí. Es sorprendida por un recuerdo un flechazo en la mente de un trozo de una canción, " Was a long and dark december. From the rooftops I remember, there was snow, white snow". Una corazonada, un latido sordo dentro de su pecho le invade el cuerpo. Se aproxima a la ventana mas cercana y mira tras ella. Allí, de pie descubre un mundo al que siempre ha querido pertenecer. Un sueño anhelado desde hace años. No se le puede considerar sueño, más bien un minúsculo deseo. Un minúsculo deseo que lleva en su interior desde hace años...ver nevar. Y hoy parece que eso ha ocurrido.
Su pelo lleno de agua blanca que se deshace. El suelo blanco, la hierba no se distingue. Sus pisadas se oyen, cada pisada en la nieve es un sonido diferente. Sentir cómo la nieve se aplana bajo tus pies, el sonido que provoca eso. Levanta la cabeza, quiere ser parte del sueño. Quiere tocarla, sentirla. Que recorra su piel, la moje, la erize. Puede pasarse allí fuera tanto cómo le plazca, pues cómo he dicho casi no nota el frío.
Madrugada del 7 de enero del 2009. Debajo del edredón con las manos, los pies y el cuerpo entero fríos se duerme escuchando cómo, fuera la nieve cae. Cómo pequeñas gotas caen del tejado, hasta no existir.
Mañana del 7 de enero del 2009. Se despierta sin pensarlo. No quiere desaprovechar el tiempo. Al ir a la ventana ve cómo el sol le deshace el sueño. Lentamente, cómo si la torturará el sueño se deshace. Se hace agua para luego dejar de existir y desaparecer.
Sale fuera y la toca con sus manos. Quiere sentir su textura dura y suave. Quiere que le roze la piel. Quiere volver a sentir el sonido de sus pies pisándola. Quiere... quiere... quiere que no acabe nunca.

domingo, 4 de enero de 2009

Middle of nowhere (Irracionalidades)

Es de noche. Me he despertado y el colchón está vacío. Sola, con mi alma moribunda. Fuera, la niebla domina las calles vacías, solas, abandonadas y solitarias. Salgo. La puerta con un sonido escalofríante se cierra, parece mi corazón. El sonido de nada es totalmente tentador. En un instante todo se ha congelado. La hierba mojada bajo mis pies, los árboles se mueven al ritmo de una leve brisa desconocida que me invita a seguirla. La niebla no me deja ver, no me importa. Me gusta la sensación de no saber que me encontraré a unos pasos. Levanto una mano para poder acariciar la niebla. Cierro el puño pensando que quizás he atrapado un mundo. Algo demasiado extraño e irreal por ciertas personas. Abro mi mano y no hay nada. Que tonta fuí al pensar que quizás podría haber atrapado un mílimetro de corazón, un rasguño de una alma o una gota de una lágrima derramada por la melancolía.
La noche se hace mas oscura y la niebla me ciega todo mi alrededor. Parece que vaya con los ojos cerrados. Sabes, esa sensación de ir andando por en medio de mucha gente con los ojos cerrados con una mano intentando tocar algo y no encuentra nada. Esa sensación de cuándo cierras los ojos al ir en una moto agarrada bien fuerte sin querer soltarle y no sentir nada, no notar nada, sólo tus manos agarradas a su cintura.
¿Sabes qué són los rayos de sol que se entrelazan en los árboles y sólo nos llega una recta perfecta? Són rayos de ángel. Sí, lo que ves, rayos de ángel. Siempre que veo unos pienso en él. El que no tuve demasiado tiempo para despedirme y del que no me desprenderé nunca. Sé que me acompaña porque los rayos de sol me acompañan siempre que lo he necesitado.
Una luz tintineante me despierta de mi inconsiente y me encuentro en medio de una calle que nunca había visto. Mi abrigo ya no ayuda, el frío se ha apoderado de mi cuerpo y tiembla inseguro cómo el farol que tiene dibujado un corazón medio borrado por el paso del tiempo. Me pregunto si quién lo dibujo, siente aún lo mismo por la persona por la que lo dibujo. ¿Será así? Habrá durado o sólo habrá sido una nota que no encaja en una canción. Me da la sensación de que ese farol tiene algo más especial que un simple corazón dibujado. ¿Cuántas personas se habrán dado el primer beso debajo de él, y cuántas el último?
Es de noche. Me he despertado y estoy sola en el colchón. Cómo siempre. Sola, con mi corazón congelado y mi alma colgando vagabunda.
*¿Sales con alguien?
-¿Que?
*¿Hay alguien en tu vida?
-Querrás decir en mi cama, ¿por que lo preguntas?
*Por nada, sólo es un intercambio dialéctico sobre el estado de tu corazón
-Intercambio dialectico ¿eh? Osea, una conversación
*Dime, ¿estás enamorada?
*No tienes que contestar, sólo es una pregunta
-No hay nadie en mi cama si es lo que quieres saber, nadie que no pueda cambiar con las sábanas.

sábado, 3 de enero de 2009

Un suspiro, una palabra, una risa, un roce de labios húmedos, acostarse tarde pero con alguien al lado que te da calor, electrucutarse con sólo mirarle (el corazón explotó), STOP!, subir en un ascensor tan pequeño y tan viejo que no hay otra manera que rozarse, sentir su aliento en tu nuca, el olor de su pelo con el viento, sus ojos marronescasinegros, su piel tan suave, sus pestañas con sus párpados, su risa al hacerle cosquillas en los pies, coger el coche, ir a 100 por hora y pararse en medio de una carretera, encontrar un motel y hacer de ese lugar un palacio, ir por la calle cogidos de la mano, en el cine pedir palomitas y coca-cola para luego sólo comerle la boca y beber de sus labios ardientes, miradas eternas, decir lo que uno siente por el otro, pasear por la playa y revolcarse en la arena, besarse con olor a nieve, tener una pelea de una hora y reconciliarse mediante las 23h restantes, sentir la lluvia en la piel del otro, ser sólo uno.

Tienen las manos frías...

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